1. Las propinas no son opcionales: son tu sueldo
En España das propina si estás contento. En EE. UU., si no dejas al menos un 15-20%, te miran como si les hubieras escupido al alma.
«Yo pensaba que era generoso dejando 2 dólares… hasta que mi compañero americano me dijo que era casi insultante.»
- Como J1 en hostelería, te darás cuenta de que muchos viven exclusivamente de esas propinas. Lo que tú dejas, es su sueldo.Stick to posting schedules that work.
2. Los salarios pueden parecer bajos, pero… ¡sorpresa!
Puedes cobrar 13-15 $/hora en un McDonald’s de Florida, pero en temporada alta (junio-agosto), entre horas extra, tips y segundo trabajo, puedes sacarte 2.000–3.500 $ al mes.
«Yo cobraba 14 $/h, pero al final del verano me fui con 4.000$ limpios después de haber viajado. Me sentía millonario.»
Ryan
3. El agua del grifo es gratis… ¡y los refills también!
En los restaurantes, el agua (con hielo) es gratis. Y si pides refrescos, puedes rellenarlo mil veces sin pagar más.
«El primer día dije que no quería refill. El camarero me miró como si hubiese dicho que odiaba a los perritos.»
4. Los supermercados parecen aeropuertos
Pasillos kilométricos, neveras que ocupan más que tu casa, y marcas que jamás has visto.
«Fui a por cereales y tardé 15 minutos en decidir. ¡Había una estantería solo para cereales de canela!»
5. Todo el mundo sonríe… aunque no te conozcan
Ese “Hi, how are you?” te lo suelta hasta el cajero del súper. Y no, no esperan que respondas.
«Al principio me parecía falso. Luego entendí que es como un gesto automático: educado y amable, sin más.»
6. Puedes sacarte el carné de conducir a los 16
Y conducir coches automáticos gigantes como si nada.
«Vi a una chica de 16 conduciendo una pick-up más grande que mi piso de Madrid. Flipé.»
7. La obsesión con la bandera es real
Está en las casas, los coches, los calcetines, las mochilas. Es como si el patriotismo fuera parte del outfit.
«Una compañera tenía la bandera hasta en las uñas. Era como vivir en un 4 de julio constante.»
8. El Día de la Independencia es más épico que Navidad
Barbacoas, fuegos artificiales, camisetas patrióticas y una energía que se te pega.
«No sabía qué me hacía más feliz: las hamburguesas o la música country con petardos de fondo.»
9. El tamaño de las cosas es exagerado
Desde las porciones de comida hasta los coches o las tazas de café.
«Pedí una pequeña Coca-Cola en un cine… y me dieron un cubo que necesitaba dos manos para sujetar.»
10. Puedes cambiar de estado y sentir que cambias de país
Florida no se parece en nada a Montana. Y Nueva York es otro planeta comparado con Alabama.
«Viajé de Wisconsin a Texas y parecía que había cambiado de mundo. Incluso el acento era otro idioma.»
Josseline
11. Las reglas cambian según el estado
La edad para beber, las leyes de armas, el salario mínimo… ¡todo cambia!
«En mi estado podías comprar alcohol a los 21, pero a los 18 ya puedes comprar un arma. Legalmente.»
12. Los parques nacionales te dejan sin aliento
Desde el Gran Cañón hasta Yosemite, lo natural allí es épico.
No soy de llorar, pero en Yellowstone se me escapó una lagrimita. Y no era alergia.»
13. Los campus universitarios parecen ciudades enteras
Campos de fútbol, centros de salud, estadios, teatros… todo dentro del campus.
«Fui a visitar la universidad de Michigan y acabé comprando una camiseta solo por lo impresionante que era.»
14. El ‘college spirit’ no es una exageración
Cantan himnos, se pintan la cara, lloran por su equipo… y tú acabas igual.
«Yo, que nunca fui futbolero, grité como loco en un partido de fútbol americano universitario.»
15. Las mariscadas…o perritos calientes
Aunque haya mil cadenas, comer fuera con pico fino, se convierte en una rutina cara. Aunque… los salarios más altos, ayudan.
«Ahora 3 € por un café con leche, me parece la mayor ganga de la historia.»
16. La obsesión por el hielo es incomprensible
Todo tiene hielo. Mucho. Incluso cuando hace -5 °C.
«Pedí agua sin hielo y me miraron como si fuese un alien.»
17. Las diferencias culturales son sutiles… pero te afectan
Tu humor puede no hacer gracia. Tu forma directa de hablar puede sonar ruda.
«Me dijeron que era ‘too honest’. Y yo solo había dicho que el desayuno del hostal era una mierda.»
18. El sistema de salud es tan caro que da miedo
Un corte tonto puede costarte cientos de dólares. Viaja siempre con seguro médico (¡si vas con J1 lo necesitas sí o sí!).
«Una amiga tuvo que pagar 300$ por un antibiótico. Y se lo recetaron en urgencias… después de esperar 5 horas.»
19. Conocerás gente de todos los rincones del mundo
Otros J1, locales, turistas… EE. UU. es un cruce de caminos.
«Mi mejor amigo del verano fue un chico turco que trabajaba en la cocina. Nos entendíamos a base de memes.»
20. Cuando vuelvas, nada será igual
Tú habrás cambiado. Tus ojos, tu forma de ver el mundo, tu independencia… todo.
«Volví a casa y me sentía fuera de lugar. Pero también más libre, más fuerte y más yo que nunca.»

